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Residuos municipales

Se consideran residuos municipales, de acuerdo con el artículo 3 del Decreto Legislativo 1/2009, de 21 de julio, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley Reguladora de los Residuos, aquellos residuos generados en los domicilios particulares, los comercios, las oficinas y los servicios, y también los que no tienen la consideración de residuos especiales y que, por su naturaleza o composición, se pueden asimilar a los que se producen en dichos lugares o actividades. Tienen también la consideración de residuos municipales los residuos procedentes de la limpieza de las vías públicas, zonas verdes, áreas recreativas y playas; los animales domésticos muertos; los muebles, los utensilios y los vehículos abandonados; los residuos y los derribos procedentes de obras menores y reparación domiciliaria.

Un subgrupo de estos residuos lo constituyen los residuos comerciales, definidos como aquellos residuos generados por la actividad propia del comercio al detalle y al por mayor, la hostelería, los bares, los mercados, las oficinas y los servicios. Son equiparables a este subgrupo, a efectos de su gestión, los residuos originados en la industria que tienen la consideración de asimilables a los municipales.

Los residuos municipales, por su importancia estratégica y su presencia en el conjunto de la sociedad, disponen de un programa de gestión, de una planificación de infraestructuras y de un modelo de gestión específicos. El modelo de gestión vigente y las bases de la planificación se fundamentan, entre otros, en los principios de proximidad, de suficiencia y de responsabilidad del productor, así como en la jerarquía establecida para las diferentes formas de gestión, que da prioridad a las actuaciones de prevención y a la recogida selectiva.