El objetivo de la recogida selectiva es recoger segregadamente los residuos para, de esta forma, hacer posible su reciclaje y la fabricación de nuevos productos y evitar que se destinen a vertederos o incineradoras. Esto significa un ahorro energético y de materiales en comparación con los requerimientos que tendría la fabricación de productos a partir de la materias primas originarias.

La recogida selectiva ha ido progresivamente aumentando a lo largo de los últimos años en Cataluña (véase estadísticas).

En términos generales, los resultados de la recogida selectiva varían según las características de los municipios, los modelos de recogida y las campañas de comunicación desplegadas. De esta forma, los porcentajes de recogida selectiva oscilan entre más del 80 % en las poblaciones que obtienen los mejores resultados y alrededor del 2-4 % en los municipios situados al final de la cola.

Los materiales recogidos selectivamente se destinan a procesos de reciclaje y reutilización. Estos materiales contienen generalmente una pequeña parte de residuos que no corresponden a la fracción, a los que se denomina impropios. Así pues, se denomina recogida selectiva neta o recuperación a las fracciones recogidas selectivamente menos los impropios que contengan.